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¿Es verdad que la materia activa del Roundup® desaparece al llegar al suelo?

La descomposición de la materia activa de Roundup en sustancias naturales no es instantánea, pues ocurre por la actividad microbiana del suelo, la cual reduce la cantidad de materia activa a la mitad en un período que puede ser de meses en condiciones frías y secas, hasta semanas o días bajo condiciones de gran actividad biológica con humedad y temperatura altas. En cualquier caso, lo importante es que no hay acumulación y en suelos normales la materia activa de Roundup® queda fuertemente inactivada y retenida por las arcillas y otros coloides del suelo, impidiendo su absorción por las raíces y dificultando su lavado hacia capas profundas del suelo. Gracias a este comportamiento, equivalente a una desaparición instantánea, ha sido posible durante 38 años la aplicación de Roundup® como tratamiento dirigido en cultivos leñosos y también la aplicación antes de sembrar cereales, girasol, leguminosas y otros cultivos.

Molécula de Glifosato

¿Qué contiene una formulación de glifosato?

Es frecuente valorar un herbicida por la cantidad de materia activa que contiene, pero aún siendo importante, no refleja todo el valor del producto, pues el glifosato en su estado puro es un polvillo cristalino blanco poco soluble, de difícil aplicación y escasa eficiencia. Un herbicida Roundup®, merece un alto valor pues el contenido en glifosato que indica la etiqueta viene acompañado de las siguientes características y ventajas tangibles e intangibles:

FÍSICOQUÍMICAS

  • Materia activa en forma de sal, para facilitar su disolución y posterior lavado de los equipos de aplicación.
  • Surfactantes (mojantes) que ayudan a la penetración de la materia activa a través de la cutícula protectora de las malezas, con la eficacia óptima asociada a la marca Roundup®.
  • Otros componentes que facilitan el almacenamiento en las más diversas condiciones, con una estabilidad mínima de 2 años –y a menudo superior a 5 años- en envase cerrado.

 LOGÍSTICAS
  • Trabajamos con Roundup®, la marca herbicida con mayor conocimiento y 38 años de confianza demostrada en España y otros países.
  • Una gama de envases ergonómicos y adaptados a diferentes mercados, servidos con diligencia.
  • Atención frente a posibles incidencias o nuevas regulaciones.

AGRONÓMICAS
  • Con base en miles de ensayos y 38 años de experiencia, recomendaciones para su aplicación óptima y económica, controlando malas hierbas con los mejores resultados para los cultivos y para cada agricultor.
  • Recomendaciones actualizadas para la prevención y manejo de biotipos de malas hierbas con resistencia a glifosato.
  • Ajuste de recomendaciones a la producción integrada exigida por la Directiva de uso sostenible de fitosanitarios y la futura Política Agrícola Común.

MEDIOAMBIENTALES
  • Respaldo científico y experimental para ofrecer un producto sin evidencia de riesgos para aplicadores, consumidores, transeúntes o para el medio ambiente cuando se aplica de acuerdo con la etiqueta autorizada.
  • Recomendaciones para controlar las malezas de forma sostenible, con menor impacto sanitario y medioambiental que con otras alternativas.
  • Apoyo científico y técnico frente a posibles preguntas relacionadas con su empleo en lugares sensibles.

¿Por qué los agricultores necesitan controlar las malas hierbas con herbicidas?

Las plagas de las plantas y las malas hierbas han representado un reto para los agricultores desde que la humanidad empezó a cultivar. Muchas especies de malas hierbas pueden destruir fácilmente la mitad de toda una cosecha. La grama de las boticas, por ejemplo, un frecuente invasor de los campos de cereales en Europa, puede reducir la producción hasta en un 60%.
Los métodos de control químico de las malas hierbas siempre se han considerado una solución atractiva porque tienen una relación coste/eficacia relativamente buena y son fáciles de usar, por lo que los herbicidas han jugado un papel clave en nuestra producción de alimentos, pienso y fibra durante los últimos 60 años.

¿Qué es el glifosato?

El glifosato o N-(fosfonometil)glicina es uno de los herbicidas de amplio espectro más utilizados en el mundo, y representa alrededor del 25% del mercado global de herbicidas. El glifosato se introdujo por primera vez en 1974 bajo el nombre comercial de “Roundup” y desde entonces se ha comercializado en todo el mundo como el principio activo de cientos de productos para la protección de las plantas.

¿Cómo funciona el glifosato?

El glifosato impide la síntesis de ciertos aminoácidos fundamentales bloqueando la vía del ácido shikímico en los puntos de crecimiento de una planta. Sin estos aminoácidos, la planta no puede metabolizar y crear nuevo crecimiento. Las malas hierbas, por lo tanto, deben estar en la fase activa del crecimiento para que el glifosato funcione. Por eso los agricultores aplican el glifosato principalmente cuando las especies de malas hierbas ya han brotado, pero las semillas de cultivo aún no han empezado a germinar. Estos “tratamientos poscosecha” fueron el primer tipo de aplicación del glifosato y todavía son la práctica utilizada con más frecuencia en Europa. La vía del ácido shikímico solo existe en las plantas, los hongos y las bacterias, por lo que la toxicidad para los animales es baja.

¿Cómo se utiliza el glifosato?

El glifosato se utiliza para controlar una variedad de plantas en la agricultura y la jardinería, en pastizales y en entornos acuáticos. En la mayoría de los países europeos, los herbicidas de glifosato se aplican predominantemente después de la cosecha para evitar que las malas hierbas infesten los cultivos de invierno (preplantación), o después de la siembra y antes de que aparezcan las nuevas plantas de cultivo (posplantación preemergencia). En algunos países como el Reino Unido, el glifosato también se utiliza antes de la cosecha para controlar las malas hierbas (precosecha) y para acelerar el proceso de maduración de los cultivos (desecación). Entre los cultivos tratados con estos métodos precosecha se encuentran la colza y los cereales. Sin embargo, el momento, la cantidad y el método de aplicación de los productos de glifosato varían dentro de la UE en función del cultivo y de las especies de malas hierbas objetivo.

¿Qué tipos de cultivo se tratan con el glifosato?

Los productos que contienen glifosato se utilizan como pulverizaciones foliares para tratar las malas hierbas en una amplia gama de cultivos herbáceos. Los principales cultivos tratados con glifosato en Europa incluyen cereales, viñas, olivos, cítricos y frutos de cáscara para la renovación de pastos. Sin embargo, estos tratamientos poscosecha en general incluyen todos los cultivos. En Alemania, por ejemplo, ocho de cada diez campos de colza se tratan con herbicidas de glifosato.

¿El glifosato solo se utiliza en la agricultura?

Aunque el principal mercado global del glifosato es la agricultura, el glifosato también se utiliza para mejorar la visibilidad y combatir el crecimiento de la maleza en zonas no cultivadas, como vías de ferrocarril y arcenes. Los usos no relacionados con los cultivos también incluyen el control de malas hierbas en zonas de recreo, en la silvicultura y en entornos acuáticos. Además, muchos jardineros utilizan productos de glifosato. Otro uso menor pero importante del glifosato es el control de especies invasoras de malas hierbas, como la Fallopia japonica, que amenazan la supervivencia de las plantas nativas.

¿Desde cuándo se utilizan herbicidas basados en el glifosato?

La molécula “glifosato” fue patentada por Monsanto a principios de los años 70 como el principio activo del herbicida Roundup®. Desde la expiración de su patente en el año 2000, el glifosato ha sido comercializado por diversas empresas y, actualmente, varios cientos de productos para la protección de las plantas que contienen glifosato están registrados en Europa para su uso en tierras de cultivo.

¿Por qué es tan importante el glifosato para la agricultura europea?

Varios países europeos, incluida Alemania, utilizan herbicidas de glifosato en casi la mitad de su superficie total de cultivo. Estudios recientes realizados por investigadores en Alemania y el Reino Unido predicen que el abandono del glifosato tendría un considerable efecto sobre los costes de producción de los cultivos y también repercutiría en el comercio internacional de varios cultivos de invierno europeos y de azúcar. Los precios de los alimentos subirían y la cuota de la UE del mercado global agrícola se reduciría si se restringiera el uso del glifosato. De hecho, se estima que las producciones de los cultivos para los agricultores se reducirían entre el 5% y el 40%, dependiendo de la región, y disminuiría la cuota del mercado global de varios cultivos de la UE si el glifosato dejara de estar disponible.

También se prevé que una limitación en el acceso de los agricultores al glifosato tenga implicaciones potenciales para el uso de la tierra, la biodiversidad, las emisiones de gases con efecto invernadero y la calidad del agua. Con el uso del glifosato para el control de las malas hierbas, los agricultores europeos han sido capaces de prescindir de los métodos de arado tradicionales, o de reducirlos de manera significativa. El cultivo con arado convencional es un proceso con un intenso gasto de energía, que libera toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera desde el suelo. Si los agricultores se ven forzados a volver a estos métodos de control de las malas hierbas, se prevé que las emisiones de CO2 y el consumo de combustibles fósiles aumenten en más del doble, mientras que la erosión del suelo podría incrementarse más de seis veces.

¿Cuáles son los beneficios para los agricultores del uso de herbicidas de glifosato?

Para los agricultores los herbicidas de glifosato ofrecen un control de la maleza sencillo, flexible y con una buena relación eficacia/coste, puesto que el glifosato ayuda a eliminar las malas hierbas perennes durante varios años. Al contrario que otros herbicidas que actúan únicamente sobre monocotiledóneas o sobre dicotiledóneas, el glifosato es efectivo sobre todas las malas hierbas, ofreciendo un control de amplio espectro. La aplicación del glifosato antes de que se plante el nuevo cultivo tiene el potencial de producir unas cosechas entre el 30% y el 60% mayores en muchos de los principales cultivos de Europa, dependiendo de la población de malas hierbas y de otras condiciones. El glifosato rompe también el “puente verde”, eliminando malas hierbas que de otra manera podrían actuar como un huésped intermediario para parásitos y otros vectores de enfermedades cuando están brotando los cultivos jóvenes.

Su efectividad como herbicida de amplio espectro en última instancia ha reducido el uso del arado como medio de control de las malas hierbas, uso que expone el suelo vegetal fértil a la erosión por el agua y el viento. Algunos estudios han estimado que los métodos de arado son aproximadamente el doble de costosos y requieren el doble de tiempo que el control químico de las malas hierbas.

¿Tiene beneficios ecológicos el uso del glifosato?

Con el control químico de una amplia gama de malas hierbas y de sus sistemas de raíces completos, el glifosato ha eliminado o reducido la necesidad de arar los suelos. Estas prácticas de cultivo reducidas permiten a los agricultores plantar las semillas de cultivo directamente en los campos de rastrojo.

Una gran proporción de la tierra cultivada de Europa es proclive a la erosión del suelo, y las prácticas con una mínima alteración del suelo son alternativas sostenibles que contribuyen a proteger el suelo de la degradación y a reducir las emisiones de gases con efecto invernadero y el consumo de energía. Varios cultivos importantes en Europa, incluidos el maíz y la remolacha, se tratan predominantemente con estos métodos en combinación con glifosato. Esto ha convertido al glifosato en un instrumento popular para muchos agricultores que deciden aplicar estas prácticas de conservación del suelo.

¿Cómo se asegura que los herbicidas son seguros para los humanos y el medio ambiente?

Los productos para la protección de las plantas también entran en contacto con los agricultores, los alimentos y el medio ambiente. Para asegurar que no suponen ningún riesgo excesivo, las leyes obligan a exhaustivos procedimientos de evaluación de riesgos. En la Unión Europea y en la mayoría de los demás países del mundo, ningún producto para la protección de plantas puede utilizarse a menos que se confirme que no supone un riesgo excesivo para la salud de los consumidores, agricultores, residentes locales y transeúntes, y que no causa efectos inaceptables en el medio ambiente.

Las empresas que desean registrar productos herbicidas para su uso en la UE deben solicitarlo a la autoridad nacional competente. La solicitud debe incluir información sobre análisis científicos exhaustivos que hayan examinado:

  • la identidad y las propiedades fisicoquímicas del principio activo;
  • su destino y conducta en el medio ambiente;
  • los posibles efectos en el medio ambiente, los animales, las plantas y los microorganismos que no son objetivo (ecotoxicología);
  • los posible efectos sobre los mamíferos (toxicología);
  • los residuos en cultivos, alimentos y piensos, y los métodos analíticos adecuados para la detección de residuos.

Los principios activos, como el glifosato, se aprueban en primer lugar a nivel de la UE, incluyendo una evaluación por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Si no se encuentra en ellos ningún riesgo inaceptable para las personas o el medio ambiente, estas sustancias se incluyen en la lista de la UE de principios activos aprobados. Esta aprobación es válida durante un periodo máximo de 10 años, pero puede estar sujeta a condiciones y ser revisada en cualquier momento, y es renovable. Todas las evaluaciones del glifosato por las autoridades reguladoras han concluido hasta la fecha que el glifosato no supone ningún riesgo inaceptable para la salud humana, el medio ambiente o los animales y las plantas que no son objetivos. El hecho de que el glifosato se una fuertemente al suelo y que se degrade rápidamente en el suelo y el agua son factores significativos en su perfil de seguridad favorable. La baja toxicidad global del glifosato y su buen perfil de seguridad son importantes beneficios que han contribuido al extenso uso de los productos para la protección de las plantas basados en el glifosato.

¿El glifosato presenta riesgos para la salud humana?

El glifosato es uno de los principios activos más utilizado en herbicidas diseñados para evitar el crecimiento indeseado de plantas en los cultivos.

El glifosato funciona bloqueando una vía metabólica que es esencial para el crecimiento de la planta. Esta vía está presente en todas las plantas, pero no existe en los animales, lo que convierte al glifosato en un herbicida de amplio espectro muy eficaz y contribuye a su baja toxicidad en animales.

Numerosas evaluaciones de salud realizadas por las autoridades públicas durante los últimos 40 años han concluido de manera reiterada que el glifosato no supone ningún riesgo inaceptable para la salud humana. Sin embargo, ha surgido un polémico debate sobre la evaluación de los riesgos para la salud del glifosato, en gran medida como resultado de una reciente publicación titulada “Roundup And Birth Defects: Is the Public Being Kept in the Dark?” [Roundup y defectos congénitos: ¿se está ocultando la verdad a la gente?], dada a conocer por la organización no gubernamental Earth Open Source. El informe expresa críticas a varias evaluaciones toxicológicas y de riesgos realizadas por autoridades oficiales en las últimas décadas. En concreto, se refiere a algunos estudios que informaron de toxicidad sobre el desarrollo en pruebas in vitro con embriones de pollo y rana aislados y líneas de células humanas.

Las autoridades públicas han considerado que estos estudios in vitro son de un uso muy limitado para las decisiones reguladoras, ya que no tienen en cuenta las condiciones de exposición reales que son aplicables a los animales y seres humanos ni las barreras fisiológicas (absorción, metabolismo y excreción) que limitan la exposición.

Según las directrices internacionales, las sustancias deben probarse en experimentos de alimentación in vivo con animales intactos, lo cual es consistente con las condiciones de exposición reales. Los estudios in vitro, en los que las sustancias se administran directamente de manera artificial a los embriones (mezclándolas con el medio de cultivo o por inyección), no se ajustan a las directrices internacionales, y las autoridades los consideran menos fiables y menos relevantes para las evaluaciones de riesgos en humanos que los estudios en animales intactos. Los estudios in vitro también usaban generalmente el producto para el control de las malas hierbas como un todo, en lugar de únicamente el principio activo. En consecuencia, no puede determinarse si los efectos observados se deben al principio activo glifosato o a otra sustancia incluida en la formulación del herbicida.

¿Las aplicaciones típicas en agricultura perjudican a las poblaciones de ranas?

En los últimos años, titulares en los medios como “Popular herbicida mata a los renacuajos” han alimentado un debate público sobre los riesgos posibles del glifosato para los ecosistemas. La atención de los medios se generó en gran parte por un estudio en ranas que afirmaba relacionar la aplicación del glifosato con un declive generalizado de los anfibios. El estudio, sin embargo, no se basaba en un escenario de aplicación agrícola, y en los experimentos se aplicaron dosis tan altas que no eran realistas y que es extremadamente improbable que se den en humedales naturales.

Muchos estudios científicos han probado si las formulaciones basadas en el glifosato podrían dañar la población de ranas naturales. Incluso en el peor caso de una sobrefumigación no intencionada directamente en el agua no se observaron efectos agudos.

Surfactantes: ¿una amenaza para los peces y las ranas?

Los surfactantes se encuentran en muchos productos cotidianos como champús, pastas dentífricas y detergentes. Se utilizan muchas clases distintas de surfactantes para mejorar la eficacia de los productos para la protección de las plantas, incluidos los productos de glifosato.

Estos últimos años ha habido alegaciones de efectos secundarios de los surfactantes de alquilamina polietoxilada para los peces y las ranas. Aunque estas alegaciones no han sido totalmente corroboradas de manera científica, estos temas siguen planteándose en algunos Estados miembros de la UE. En consecuencia, Alemania ha decidido retirar progresivamente ciertos productos que contienen surfactantes basados en amina de sebo.

Sin embargo, hasta ahora solo los experimentos de laboratorio con dosis muy altas han mostrado impactos negativos sobre las ranas y sus estadios larvales (renacuajos), y es muy improbable que sucedan estas dosis y duraciones extremadamente altas en escenarios de la vida real. Por consiguiente, es improbable que un surfactante como la amina de sebo polietoxilada que contienen las formulaciones basadas en glifosato sea una amenaza para los peces o las ranas cuando se utiliza según las prácticas agronómicas definidas.

¿Abejas en riesgo?

Las abejas y otros insectos juegan un papel central en la agricultura porque muchos cultivos no se polinizan por el viento, sino que dependen de los insectos polinizadores. Además, las arañas y los insectos como los escarabajos y las avispas se alimentan de pequeños insectos herbívoros, lo que los convierte en importantes agentes de control biológico de plagas.

EHa habido mucha discusión sobre si los herbicidas podrían dañar a importantes polinizadores y otros artrópodos beneficiosos. El glifosato y las formulaciones basadas en el glifosato se han probado extensamente en el laboratorio y en el campo para estudiar su potencial impacto sobre los insectos. La conclusión global de estos estudios es que las formulaciones basadas en el glifosato no perjudican las poblaciones de insectos beneficiosos con los niveles de exposición en el campo.

Los científicos encontraron que las abejas melíferas y sus crías no se vieron afectadas por el glifosato o por las formulaciones basadas en el glifosato. Tampoco se encontró que estos productos tuvieran ningún impacto sobre los artrópodos beneficiosos como los depredadores terrestres (arañas y escarabajos). Varias pruebas de laboratorio han sugerido que las formulaciones de glifosato podrían perjudicar a algunas especies que residen en las plantas (p. ej., avispas parásitas y ácaros depredadores). Sin embrago, estos efectos solo se observaron en sustratos artificiales como el vidrio y no en condiciones más realistas.

¿El glifosato deteriora la calidad del agua?

Es improbable que el glifosato, el principio activo de una variada gama de productos herbicidas, se filtre al agua del subsuelo, dado que se une firmemente a las tierras utilizadas generalmente en la agricultura. Lo mismo se aplica al AMPA, el principal producto de degradación del glifosato. Esto ha sido confirmado por un gran número de estudios de monitorización europeos: el glifosato y el AMPA raramente se encuentran en las aguas subterráneas, y por lo general solo en circunstancias excepcionales, por ejemplo, en tierra muy porosa que tiende a movimientos rápidos e irregulares del agua, o en aguas del subsuelo en contacto directo con el agua de la superficie.

El glifosato y el AMPA pueden alcanzar el agua superficial por escorrentía, drenaje, deriva de la pulverización y, ocasionalmente, como resultado de malas prácticas agrícolas. Aunque la presencia de estas sustancias está más extendida en el agua superficial que en el agua del subsuelo, los niveles en el agua de la superficie raramente superan el umbral de preocupación medioambiental.

La presencia de glifosato y de AMPA en el agua superficial y del subsuelo no representa una amenaza para la salud humana. El glifosato y el AMPA se eliminan fácilmente del agua bruta por los métodos convencionales de tratamiento del agua potable (que incluye filtración por arena y cloración). Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las concentraciones observadas en las aguas del medio ambiente son inferiores en varios órdenes de magnitud al umbral de seguridad permitido. La OMS concluye que no se considera necesaria la determinación de un valor numérico de referencia para el glifosato. La incidencia ocasional de glifosato y/o AMPA en el agua potable no representaría un peligro para la salud humana.